CONFLUENCIA vs POLARIZACIÓN

Intentar entender al OTRO significa destruir los clichés que lo rodean,

sin negar ni borrar su alteridad.

Humberto Eco

Una impronta de reciente cuño, recorre nuestro mundo político y acompaña discursos, debates, entrevistas o conversaciones que se respeten, para acorralar la realidad ineludible de la diferencia de opiniones, de posiciones políticas opuestas y/o visiones contrarias de país y, conducirla al lugar del enemigo político: es la polarización.

 

Peligroso lugar que impide el debate político, cierra las puertas a la confrontación de ideas, niega la argumentación y contra- argumentación de puntos de vista, poniéndolos en el terreno del insulto, la descalificación, la negación y, por supuesto, en el peligroso campo de justificar la eliminación del enemigo.

 

Esta manera de tratar la realidad política, es un lastre que arrastra el país de tiempo atrás, cuyo tratamiento exige un efectivo servicio de urgencias democráticas que garantice la transición de la guerra a la paz e inaugure nuevas costumbres políticas y nuevos relacionamientos entre la diversidad de mujeres y hombres como actores políticos, que parta de reconocer y validar su existencia.

 

Cambiar las balas por las palabras es tarea prioritaria tanto de quienes vienen de la guerra, como de quienes en las instituciones democráticas transmiten mentalidades guerreras derivadas de esa misma dinámica excluyente y aniquiladora del otro. Especial responsabilidad tienen los partidos, líderes y  movimientos políticos, al igual que los medios de comunicación, tan proclives a simplificar la lucha política y calificar las opiniones contrarias como polarización nacional.

 

Insistir en que este es un país polarizado, solo sirve para retroalimentar odios, enemistades, señalamientos e intimidaciones. Repetido hasta la saciedad este concepto, termina por trasladar al campo político toda la carga enemiga de la guerra vivida desde mediados del siglo XX, impidiendo la comprensión de la tarea presente y futura cual es abrir las puestas a la lucha política democrática, a la construcción de una sociedad moderna, donde tengan cabida todas las ideas políticas, la confrontación de idearios de país,  sin temor al debate, a las definiciones políticas, pero sobre todo sin acudir a la violencia ni a las armas. (Las falacias, engaños y mentiras en vez del debate de ideas, corresponde al campo de la ética, motivo también de profunda reflexión política).

 

Si en vez de polarizar, nos diéramos a la tarea de confluir, de construir un nuevo relacionamiento político, de comprender que los adversarios políticos constituyen la riqueza de la democracia, seguramente la confluencia de los diversos intereses y posiciones políticas, serían asumidas como lo que son: la almendra en la construcción del país moderno, con desarrollo sostenible que nos espera.

 

El fin de la guerra y la llegada del Pos-Acuerdo de Paz, exigen de manera especial a los creadores de opinión pública, la academia, los partidos políticos, el gobierno nacional, las autoridades territoriales y los movimientos ciudadanos, un cambio radical de esa mentalidad aniquiladora de la guerra, que divide el mundo en dos campos excluyentes: o estás conmigo o estás contra mí.

 

Nuestra realidad socio-política es compleja. En ella confluyen todos los colores políticos y diversidad de intereses económicos, territoriales, sociales, de género, étnicos.

 

La confluencia de la diversidad política y su variopinta representación, es el paisaje que tenemos a la vista después de la firma definitiva del Acuerdo de Paz el pasado 24 de noviembre en Bogotá. Es en este paisaje donde, al decir de Humberto Eco[1]: podemos reconocernos a nosotros mismos solo en la presencia del Otro y sobre este principio se rigen las reglas de convivencia y docilidad. Habría que agregarle a Eco, también la presencia de la OTRA, una mirada política diferente.

 

ADENDA: Año 2016: Formal y oficialmente Primera Navidad en Paz. Deseo a ustedes unas festividades plenas de afectos, satisfacciones y relaciones pacíficas. Brindemos por el este momento especial que nos ha tocado vivir, saldemos las disputas pasadas en familia, pongámonos en el lugar del Otro y sintámonos capaces de reconocer, legitimar y convivir en la diferencia.

 

 

[1][1] Construir al enemigo. Conferencia dictada en Universidad de Bolonia, mayo del 2008.

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