Jhon Hélber Rodríguez

¿Qué cambió y que puede cambiar en colombia a partir de las elecciones de 2022?

Los diferentes procesos electorales desarrollados a lo largo del 2022, han configurado una nueva y muy diferente estructura de poder y de representación política del país, una muy distinta a la que históricamente habíamos estado acostumbrados, podríamos hablar de un verdadero remezón que ha tocado, dos de los tres poderes del estado: el legislativo y el ejecutivo.

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No hubo transición

Mucho se había hablado en los últimos años de “la transición política”, es decir del inicio de un cambio político en Colombia que nos haría pasar del control y poder por parte de la derecha a un giro que nos llevaría por posiciones más moderadas o de centro y que podría luego ir dando cambios , poco a poco, hasta acercarse más a la izquierda. Sin embargo esto no ocurrió, la aguja medidora pasó de la derecha a la izquierda de manera inmediata, sin detenerse en el centro. Esto teniendo aún por evaluarse el sentido del amplio respaldo que logró el candidato Rodolfo Hernández, en la primera vuelta presidencial pues nos queda la pregunta si era un voto de “centro” o posturas más moderadas, pues no se fueron ni por la derecha que representaba Fico Gutiérrez, ni la izquierda que representaba Petro.

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Un congreso de izquierda mayoritaria

El primer cambio que vimos, que fue un antecedente y base para los posteriores, fue la transformación en la composición en el Congreso de Colombia. Pasamos de un Congreso con una bancada mayoritaria en manos de la derecha, especialmente representada en el Centro Democrático, a una bancada mayoritaria en manos de la izquierda: El Pacto Histórico, quien se convirtió en 2022 en la fuerza política con mayor representación en el Congreso de Colombia al lograr un total de 48 congresistas: 20 curules en el Senado y 28 en la Cámara de Representantes. 

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Por su parte el Centro Democrático pasó de ser la primera fuerza política en el Congreso a ser la 5ª, pues apenas obtuvieron un total de 29 congresistas: 13 en el Senado y 16 en la Cámara de Representantes. Este mismo partido obtuvo en 2018 un total de 51 congresistas: 19 senadores y 32 representantes a la Cámara, sin mencionar que había ganado las elecciones presidenciales.

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Partidos tradicionales: los grandes perdedores

Fue sorprendente y estruendosa la derrota de los más grandes y tradicionales partidos políticos en la primera vuelta presidencial: el Centro Democrático, el Partido Liberal, el Partido Conservador, Cambio Radical, el Partido de la U, entre otros, se habían juntado alrededor de la candidatura de Federico Gutiérez, campaña que contó además con una gran cantidad de recursos económicos, publicidad por todas partes, apoyo de medios de comunicación y de figuras muy reconocidas, entre estos tres ex presidentes y hasta el mismo gobierno de Duque. A pesar de todo este despliegue no lograron, tan siquiera, pasar a la segunda vuelta presidencial y se quemaron en la primera. Los esfuerzos del candidato “Fico” por desligar su nombre de las maquinarias y clanes políticos que lo apoyaban, no fueron suficientes y la ciudadanía reconoció estas alianzas y continuismo político, con el cual tenían un gran inconformismo.

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Hasta hace apenas unos años era suficiente tener el logo del Centro Democrático en el afiche y la foto con Uribe para ganar elecciones y, un poco más atrás, el logo del Partido Liberal o Conservador. Hoy, por el contrario, estos mismos logos y personajes generan un gran rechazo y desconfianza en una parte muy importante de los electores, por ese es entendible que la publicidad de Fico no mostrara ninguno de los logos de los partidos que lo apoyaron o mucho menos una foto con Uribe en esta campaña.

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Partidos políticos desconectados del país y su agenda

Lo que queda evidente en la gran derrota de los partidos tradicionales, (por lo menos en las presidenciales)  es su gran desconexión con el país, con sus necesidades, con su agenda y con su realidad. Esto también aplica, por supuesto, para Duque y su equipo de gobierno, quienes cada vez que hablaban sobre la situación del país pareciera que se estuvieran refiriendo a un país muy diferente y lejano al que la gente sentía en su vida y experiencia cotidiana.

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Durante el 2022 quedó claramente demostrado que la agenda, aspiraciones, necesidades y propuestas de la ciudadanía están mayoritariamente representadas en los movimientos sociales y sus propias formas organizativas: campesinos, mujeres, estudiantes, jóvenes, ambientalistas, entre otros. Los partidos políticos no han abierto espacios para estas formas de representación ciudadana y se han convertido en la propiedad e instrumento de muchos clanes y mafias políticas para obtener el poder.

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Los medios masivos no lograron cambiar la opinión pública

Grandes medios de comunicación de Colombia como la revista Semana, Blu Radio, el periódico El Tiempo y el Canal RCN, tomaron (desde hace tiempo) una clara y hasta extrema posición política en favor de los diferentes candidatos que tuvo el uribismo. En primer lugar Oscar Iván Zuluaga, luego Fico Gutiérrez y, finalmente y por descarte, Rodolfo Hernández. Sin embargo, su influencia en la opinión pública no logró generar la diferencia electoral que necesitan sus candidatos, por el contrario se amplió su desprestigio y falta de credibilidad ante los titulares, portadas y cubrimientos que realizaron a lo largo de la campaña presidencial. Será dificil que el país olvide la portada de la revista Semana, un día antes de la segunda vuelta presidecial que preguntaba: ¿Exguerrillero o Ingeniero? 

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Era de esperarse que la gente tenga miedo

En 200 años de vida republicana es la primera que Colombia tiene un gobierno de izquierda. En diferentes décadas anteriores quienes estuvieron cerca de lograrlo fueron asesinados: Gaitán (1948), Galán (1989) y Carlos Pizarro (1990) o estigmatizados hasta el desprestigio y el odio social como ocurrió con Carlos Gaviria. Por eso es apenas de esperarse que cualquier ciudadano vea con recelo o desconfianza que llegue un gobierno claramente de izquierda y más aún liderado por un exguerrillero. La estrategia del enemigo interno, de la “amenaza comunista”, a Chavez y Fidel aunque estén muertos hace años, sigue siendo animada en Colombia, como lo fue en Europa y en Estados Unidos durante la guerra fría y antes de la caída de la URSS (Unión Soviética). Esa política del miedo y de la estigmatización del contradictor político es profundamente efectiva y ha calado profundamente en la población colombiana después de repetirse tantas veces y por tantos años.

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Pánico económico

Parte de la campaña de la derecha fue generar pánico económico. El candidato presidencial Fico Gutiérrez convirtió en estribillo de todos sus discursos alertar sobre la pérdida de la propiedad privada y el derecho a empresa que tendrían los colombianos si ganaba Petro. También algunas personas con influencia en el sector empresarial hablaban de la claúsula Petro en sus contratos y de que abandonarían el país en caso de ganar su contendor. Aunque son reprochables estos discursos y mensajes, pueden entenderse en un contexto de lucha electoral por el poder, en el cual se usan todos los recursos posibles (éticos o no) por parte de las campañas, pero ya es momento de que estás mismas personas y en protección de la economía aclaren que se trataba de un asunto electoral pero no real, pues el pánico económico puede efectivamente afectar los indicadores del país.

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Todos los colombianos, quienes votaron por Petro y quienes no, debemos darle tiempo prudente al nuevo gobierno para que tome sus decisiones en materia económica, estar abiertos al diálogo, a presentar nuestras propuestas para el nuevo plan de desarrollo y a hacer el control social que se requiere siempre.

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Moderar las expectativas

Son muchos los problemas que el país tiene por resolver, tanto históricos como recientes, y sobre muchos de estos el ahora electo presidente ha planteado propuestas y soluciones; sin embargo es absolutamente claro que cuatro años se quedarán cortos para que efectivamente cambien muchas de las realidades que viven las poblaciones más humildes y pobres del país, que se finalice el conflicto, que se acabe el narcotráfico o la corrupción, solo para mencionar algunos temas. Si se actúa en el camino correcto, el país podrá dar avances muy importantes en temas estratégicos pero serán solo eso: avances, primeras partes, por lo que es necesario que quienes votaron por el Pacto Histórico moderen también sus expectativas de cambio: no todo será posible en cuatro años y, ciertamente, algunas de los temas planteados por Petro son de muy difícil alcance.

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Pero “del otro lado” también deben moderarse las expectativas. El gobierno de Petro no convertirá a Colombia en “Venezuela”, la economía del país no se quebrará por cuenta de su enfoque de “izquierda” y no es cierto que vaya a expropiar empresas y, ni mucho menos, que nos vayamos a ver obligados a abandonar nuestro país por cuenta de una supuesta persecución política. Esas ideas e imaginarios, que han hecho mella en la sociedad colombiana luego de las dos campañas presidenciales en las que ha participado Petro, también deben moderarse. Pensar el país y la realidad en “blanco y negro” es un error gravísimo, que no nos deja espacio para reflexionar sobre todas las posiblidades que pueden existir y sobre el papel mismo que nuestra sociedad y todas sus instituciones juegan en la construcción del futuro de Colombia. En su momento y, a pesar de todo su poder Uribe no se pudo hacer elegir para un tercer periodo; Santos perdió el plebiscito y Duque no pudo hacer trizas los acuerdos. En medio de cada momento ha estado la huella de una ciudadanía y una instituciones que han cumplido su papel: vigilar. 

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