Nelson Enrique Restrepo Ramírez

Billete de mil

Hace muchos días que billete de mil no va a un banco. No lo han llevado hace años. El último tiempo se la ha pasado en manos de la gente informal del centro de la ciudad, en manos de compradores y vendedores, yendo y viniendo. Si billete de mil le hiciera la cuenta a las manos y bolsillos por donde pasa en una fiesta de pueblo perdería la cuenta, es malo para las sumas y en todo caso las fiestas populares se le salen del promedio. Billete de mil ha tenido la mala fortuna de quedarse olvidado en el bolsillo de un pantalón y le ha tocado pasar guardado hasta meses, más que cuarentenas.

 

Hace un par de meses que billete de mil cayó al centro de la ciudad y no se ha movido de ahí; ha estado entre la gente intercambiando tintos, pericos, empanadas, buñuelos, panes, bananos, verduras en la carreta, cuidada de carro o moto, encimas y en las tiendas “de todo a mil” ni se diga. Aunque por la tarde una persona lleva a billete de mil a casa, al otro día lo regresa al centro; con frecuencia es el primero en el pasaje de bus. Billete de mil sabe la historia de otro billete de mil que se quedó en un pueblo por 10 años, pero esa es otra historia.

 

Hoy billete de mil amaneció en el bolsillo del delantal de un carnicero, revuelto con otros billetes, acompañado de monedas y papelitos ensangrentados; hay bolsillos así. A billete de mil le pasa justo lo contrario que a billete de cien mil, que se la pasa guardado la mayoría del tiempo, casi nunca lo sacan, pero esa también es otra historia.

 

Hace ya meses que billete de mil está preocupado. Durante la cuarentena del Covid19 el movimiento bajó a una cuarta parte. Ahora, mayo 23 de 2020, está volviendo a salir. Sucede que la gente, sobre todo los informales, se tiran a la calle a buscar el billete porque lo necesitan para el pan de cada día; a la gente pobre le puede más el hambre que el miedo al Coronavirus y salen a buscar billete resueltos a que los multen con casi un millón.

 

Justo por estos días billete de mil ha compartido más con otros billetes, con el de dos mil claro está, con el de cinco, el de diez y el de veinte mil; a todos los billetes les bajó la circulación y como cualquiera, han usado la cuarentena para compartir más y reflexionar. Hay que añadir en favor de billete de mil, sobre su personalidad, que es reflexivo y se mantiene bien informado sobre los temas que le importan, la economía solidaria por ejemplo, la macroeconomía apenas la entiende.

 

La semana anterior, en la billetera de una señora que está pasando la cuarentena en Manrique, estaba billete de mil un poco verraco con los bancos y la gente en general. Lo invadían las preguntas y decidió compartirlas con los demás billetes. Se preguntaba por qué los subsidios del gobierno nacional dirigidos a los campesinos pasan por los bancos privados, el banco agrario que es el mismo gobierno y no por las cooperativas. Se quejaba de que los informales fueran desorganizados. “Seis mil millones de pesos le cobran los bancos al gobierno colombiano por entregar subsidios en dinero a los pobres, por cada transacción cobran $2.100. Yo comprendo que los cobren”, decía a los demás billetes, “pero me gustaría más que se los pagaran a una cooperativa.

 

¿Por qué los municipios nuestros, donde tanta gente es pobre e informal, maneja la plata en los bancos privados y no cooperativas que son de la misma gente?” Preguntaba casi molesto. “Los bancos privados son de dos o tres, la banca pública está en manos corruptas, y cualquiera de las dos está hecha para los formales. ¿Por qué la gente pobre e informal, las que nos mueve a nosotros (billete de mil señalaba a los demás billetes para hacerles sentir que era con ellos) no conforman una cooperativa de pobres para billetes como nosotros? ¿Por qué terminan sosteniendo delincuentes que les prestan a cuenta gotas? ¿Qué es lo que está pasando aquí?”. Increpaba billete de mil mientras se planchaba una arruga que tenía en una esquina.

 

 

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